El caos del tránsito vehicular, nuestro pan de cada día (1)
Por: Fabio Serrats | Jueves 08 de Enero de 2015

SAN PEDRO DE MACORÍS, R.D.-El 1 de septiembre del año 1997, mediante el decreto no.393-97, el entonces señor presidente de la República, Dr. Leonel Fernández Reyna, creaba la Oficina Metropolitana de Transporte (AMET), con la finalidad de regular el tránsito vehicular, primero en la metrópolis de Santo Domingo, -de donde precisamente le viene el nombre- , luego en la provincia de Santiago De Los Caballeros, llamada la segunda capital del país, y más tarde, en toda la geografía nacional, sustituyendo así en esas funciones, al departamento de transito de la Policía Nacional, que entonces quedó relegada solo a la patrulla de caminos y años más tarde, desvinculada o desarticulada de tales funciones.

Para la fecha de nacimiento de la AMET, su primer director y patrocinador, el señor Hamlet Herman, figura política destacada en ese entonces en el Partido de La Liberación Dominicana, pero más por su participación en la Revolución de abril de 1965, logró conducir este nuevo departamento de transito por las mejores luces que pudo tener, hasta su virtual renuncia del puesto tras serias diferencias con el mismo señor presidente, las cuales nunca trascendieron a la opinión pública, y si lo hicieron, honestamente no las recuerdo. Pero ese no es el tema.

El tránsito vehicular en la Republica Dominicana, ha sido, es y será, (si dejamos seguir las cosas como van), uno de los peores de toda América Latina y El Caribe y del mundo. Así nos catalogan en la edición del Record Guinness, como el país más peligroso en materia de tránsito vehicular en el pasado año 2014.

No me imagino los sinsabores que sufre cualquier ciudadano extranjero que proceda de cualquier país mínimamente en vías de desarrollo como el nuestro, cuando le toca tomar un volante para conducir por nuestras calles y carreteras. Recientemente me dediqué a enseñarle a manejar a mi hijo adolescente, y no me quedaba de otra que decirle que al llegar a un semáforo, aun cuando vea la luz verde en preferencia para él, que mire bien primero y luego se percate que puede pasar para no llevarse un motorista por delante o que cualquier imprudente en otro vehículo, le impacte por querer ir más rápido. Lo mismo tuve que decirle en cuanto a las calles señalizadas en una sola vía, de no confiarse, mirar y palpar que no venga un desaprensivo a sus anchas en sentido contrario, como es ya normal en todas nuestras vías, ante la mirada omisa de las mismas autoridades, salvo algunas ligeras excepciones.

Ciertamente que me pone a pensar mucho en cómo anda la capacidad de nuestras autoridades públicas, sobretodo nuestros diputados y senadores, así como las locales, síndicos y regidores, que por la cultura popular politiquera, solo se enfocan en sus propios intereses de perdurar o trascender en los cargos públicos que en obrar por el bien ciudadano. Eso es harto conocido.

La llamada “opinión pública” que ejercen los medios de comunicación, solo están empeñadas y no de gratis, en “sacarnos” del “atraso” que tenemos como país ante temas espinosos como el aborto “terapéutico”, así como el “matrimonio” entre personas del mismo sexo y otras ideologías muy contrarias a nuestras tradiciones como pueblo, sobre todo por las convicciones religiosas que nos marcan desde tiempos inmemoriales y que sin estas, sabrá Dios que sociedad tuviéramos.

Mientras nos envolvemos en estos temas difíciles y controvertidos, uno tan sencillo, tangible y de la vida diaria como lo es el tránsito vehicular, queda dado de lado frente a nuestras narices, ante su continua degradación y pérdida de vidas innecesarias por la imprudencia en este orden.

Cabe destacar que tras la salida del señor Hamlet Herman, esa institución como que perdió su norte, pero aún más cuando en el gobierno del señor Hipólito Mejía, fue transferida nuevamente a la Policía Nacional, volviendo a ser más de lo mismo, solo con uniformes y directores diferentes.

Como ciudadano elevo la voz para que este punto sea tomado en agenda y que como miembros del pueblo, toquemos puertas, generemos inquietudes para que se cumpla la Ley 241 en materia de tránsito terrestre, se hagan las modificaciones necesarias y reformas, pero que sobretodo se sanee esta situación en general imponiendo la ley sin distinción de personas o clases. Más que soñar con que se castigue la corrupción pública y a los corruptos, algo mucho más serio y profundo, comencemos por adecentar el tránsito y podamos salir de los records en que nos han metido y que nos catalogan como el país más peligroso en el mundo para manejar en calles y carreteras.
 

       

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