Por Simeón Arredondo
Poeta, ensayista y gestor cultural
simeonarredondo@yahoo.com.mx

La extensa y temible dictadura de Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961) vio nacer en la República Dominicana a importantes poetas e intelectuales que pondrían en acción sus plumas en no pocas páginas contra ese régimen y contra la secuela de acontecimientos funestos para la sociedad que le sucedieron.

Las voces de Alexis Gómez Rosa, Andrés L. Mateo, Norberto James, Miguel Alfonseca, Tony Raful, Mateo Mórrison y René del Risco Bermúdez constituyen una muestra significativa de todas las que se criaron bajo el mandato del sátrapa.

En el caso específico de René del Risco Bermúdez, quien desde niño dio muestra de sus habilidades y de su talento, su voz se forjó fuerte y poderosa como fuerte y poderosa era la mano del tirano. Los sufrimientos y los martirios a que fue sometido el pueblo dominicano por más de tres décadas serían el punto de partida y el principal motivo de inspiración del poeta en los albores de su carrera.

Durante esa época René del Risco Bermúdez fue víctima de persecución política, encierro, torturas y destierro. De ahí que a lo largo de su obra está presente el tema del dolor. Ese dolor que le causó tanto sufrimiento, no sólo por lo que él física y emocionalmente tuvo que enfrentar, sino también por la impotencia que le generaban las injusticias y los atropellos que de manera permanente desfilaban ante su vista y por sus oídos.

Posiblemente ahí también encuentre su origen la actitud un tanto pesimista reflejada en algunas de las creaciones de René, y descrita por Pedro Conde Sturla en el ensayo "Memorias del Viento Frío" como sigue: “Por lo general, el poeta no se disimula, no se llama a engaños, se muestra como se siente: abatido, pesimista, incurablemente depresivo y paranoico, aparte de fatalista. Casi siempre está prevenido, receloso, a la defensiva. Casi siempre se muestra suspicaz, desconfía de lo que se le ofrece al disfrute puro y simple de los sentidos. Nadie como René sabe encontrar amargura en los más dulces néctares: nadie como él sabe trocar la miel en la hiel". Estos versos del poema "Este es un juego triste…" respaldan la afirmación del profesor Conde Sturla:


Este es un juego triste,
inexcusablemente triste.
Y lo peor, uno lo sabe
aunque aparentemente no le da ninguna
importancia.

(…)
Y de esas cosas indiscutibles
que se hablan
cuando ya el día pesa en las pestañas
y uno recorre ciertas calles
con la amarga impresión
de que habrá de caer una vez más
en la espantosa soledad del sueño.

(…)

Con la caída de la dictadura en 1961, un aluvión de esperanzas, ilusiones y sueños se apoderó de los dominicanos. En 1962 se producen las primeras elecciones formales pos dictadura, las que gana por un amplio margen el profesor Juan Bosch para asumir la dirección del Estado el 27 de febrero de 1963. Pero 7 meses más tarde aquel gobierno institucional y democráticamente establecido era derrocado por un golpe de Estado. Con ello se desplomaban las esperanzas y el porvenir de los dominicanos. La gente se llenaba de incertidumbre y una gran confusión se adueñaba del país, a lo que no escapaban los poetas.

Los dos años siguientes serían de mucha turbulencia y desequilibrio social, hasta que estalla la guerra en abril de 1965. En esa contienda bélica toma partido René del Risco Bermúdez y de seguro que recarga su imaginación, su ingenio y su capacidad creativa. Y de seguro que se crecen su indignación, su impotencia y su coraje.

Todo aquello, unido al talento innato del escritor, su desarrollo intelectual y la fortaleza espiritual de un ser humano extraordinario, lo convertirían en una de las voces más respetadas de la llamada generación de posguerra. El dolor, el sufrimiento, la frustración y la muerte, son temas presentes en la obra de René. Pero también se encuentran el amor y la solidaridad. Esa solidaridad que empuñaron muchos escritores de la época, y que tanto necesitaba la población tras los acontecimientos negativos que se dieron antes, durante y después de la guerra.

"El viento frio y otros poemas" es la mejor muestra de la sensibilidad humana y de la capacidad creativa de René del Risco Bermúdez. Ese poemario retrata de cuerpo entero una serie de realidades sociales y políticas que vivió la República Dominicana y que han sido contadas desde diferentes puntos de vista y bajo múltiples interpretaciones, pero que son innegables, imborrables y lamentables; y en eso se centra René. Porque está consciente de que “si nos atrevemos a salir moriremos sobre las aceras mojadas, (…) y no tendremos tiempo suficiente para saber que el tiempo nos acaba…"

Los primeros versos del poema "El viento frio" son suficientes para identificar la línea de pensamiento y el sentimiento social del autor.

Debo saludar la tarde desde lo alto,
poner mis palabras del lado de la vida
y confundirme con los hombres
por las calles en donde empieza a caer la noche.

Es la expresión verdadera de un poeta que enfrentó la dictadura, que militó en el movimiento revolucionario 14 de junio, que abrazó la gesta patriótica de abril de 1965 y que puso su tinta y su voz al servicio de la sociedad con poemas y canciones de gran valía sin caer en lo panfletario. La narrativa de René del Risco Bermúdez también se distingue notablemente. Su cuento "Ahora que vuelvo Tom”, por ejemplo, ha sido considerado por varios críticos como una de las mejores piezas de la cuentística dominicana.

Ello nos indica que estamos frente a un escritor que a pesar de que partió de este mundo cuando había vivido algo menos de 4 decenios, llegó a alcanzar un alto desarrollo intelectual y una plena conciencia literaria.

 

       

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